YO SÉ QUE MI REDENTOR VIVE

Por Diego Hovhanessian

 

 Job 19:25: “Porque yo sé que mi Redentor vive…” (versión: Biblia Nácar Colunga). Esta Palabra tiene suficiente Poder para hacer algo grande, algo nuevo en nuestra vida.

Job es aquel que pasó por tremendos padecimientos, que lo perdió todo, pero que luego llegó a tener el doble de lo que había perdido. Y hoy vamos a ver que a Job lo levantó “una frase”… una Palabra.

Veamos los capítulos 1 y 2 del libro, en el comienzo de la historia (Job 1:3), donde dice que Job era un hombre muy rico: tenía quinientas yuntas de bueyes -un hombre con dos yuntas de bueyes ya era “respetable” en ese negocio-, quinientas burras, siete mil ovejas, tres mil camellos y numerosos siervos; es decir, gente que trabajaba, que producía para él. Pero Job lo perdió todo. Tenía muchos hijos, herederos, tenía una familia preciosa… pero se le desintegró, lo perdió todo en el mismo día. Ese mismo hombre fue el que dijo: “Yo sé que mi Redentor vive”. Lo que «yo sé» es glorioso, es potencia, es poder de cambio. Lo que «yo sé» es sanador. ¡Aleluya!

“Porque yo sé que mi Redentor vive…”, esa es la frase que levantó a Job y lo hará también con cada uno de nosotros. Veamos, brevemente, cuatro puntos importantes acerca de las siete palabras de este poderoso versículo:

1°- Job tenía un «Ayudador» en medio de la tribulación. Él dice “mi Redentor”. Job declara: estoy lleno de tribulaciones, pero en medio de ellas tengo un Ayudador”. Algunas traducciones ponen la palabra “Defensor”, pero en hebreo la palabra es goel”, que quiere decir: redentor, rescatador, uno que compra para otro. Esto tiene que ver con una antigua institución que encontramos en la Biblia, la del “goel”, el “pariente próximo”. Allí vemos –en distintos pasajes– que el “goel” era un pariente de sangre -varón-, que asumía la responsabilidad de su familia cuando ésta era afligida por algún mal. Por ejemplo, en Levítico 25:23-34, vemos que cuando había una familia que caía en desgracia financiera por haber hecho malos negocios o malos tratos económicos, existía un “goel”, un redentor, un defensor, un rescatador que, desinteresadamente, pagaba con su dinero lo perdido por aquella familia: “Si se empobrece tu hermano y vende parte de su propiedad, su pariente más cercano vendrá y rescatará lo vendido por su hermano” (vs. 25). Éste era un rescatador financiero. Otro caso lo encontramos en Números 35:19. Aquí, cuando una familia sufría un daño de muerte causado por algún extraño, tenía su “goel”, su redentor, su defensor, un «vengador de la sangre» que se encargaría de dar muerte al agresor: “El mismo vengador de la sangre dará muerte al asesino: en cuanto lo encuentre, lo matará”. Podemos decir que este “goel” era el protector de la familia. Y ahora, en Deuteronomio 25:5-10, también vemos aparecer otro “goel”. Esta porción bíblica relata lo que se conoce como “La ley del levirato”. La misma decía que cuando moría el esposo de una mujer y no le dejaba descendencia (hijos), el hermano del difunto esposo –aquí aparece el “goel”–, debía casarse con la viuda para darle un hijo, el cual no llevaría el nombre del padre sino de aquel que había muerto, para que de esta forma se perpetuara el nombre del difunto. Quiero que notes que ese hermano vivo hacía un gran sacrificio, porque tenía que tomar la responsabilidad de allegarse a esa mujer, de tener el hijo, y darle parte de su herencia: “…Su cuñado se llegará a ella y la tomará por esposa y cumplirá con ella como cuñado, y el primogénito que ella dé a luz perpetuará el nombre de su hermano difunto; así su nombre no se borrará de Israel.” (vs. 5-6). Aquí el “goel” libraba del abandono por la viudez y la falta de herencia. Entonces, un “goel” te rescata en las finanzas, te rescata de los violentos y te rescata de la tristeza de la viudez, de la falta de herencia y de la vergüenza. De éste es de quien Job dice: “Yo sé que mi Goel vive”. Mi Rescatador vive y es Aquel que pagó el precio para que yo sea libre. Aquí hay algo muy importante, pues dice en Efesios 1:7: “En Él –en Cristo– tenemos por medio de Su Sangre la redención, el perdón de los delitos…”. ¡¡¡CRISTO ES NUESTRO GOEL!!! Este último ejemplo que vimos en Deuteronomio -donde el cuñado debe allegarse a la viuda para darle hijos- aparece en el libro de Rut. Ella queda viuda. Su marido muere y no le deja hijos ni herencia. Pero también muere el hermano de su esposo, así que no tenía quien la rescatara; hasta que aparece un hombre llamado Booz, el cual acepta redimir, rescatar, casarse con la viuda Rut y darle nombre, descendencia, honor, riquezas. Pero entonces descubren que hay un pariente más cercano que él, pues la ley del “goel” decía que si no era el hermano, tenía que ser el pariente más cercano, el cual, en este caso, no era Booz. Aún así, Booz no se desentiende de la situación. Leemos en Rut 4:1: “…Acertó a pasar el pariente de que había hablado Booz, y le dijo: Acércate y siéntate aquí, fulano…”. ¿Te das cuenta? No tiene nombre, simplemente se lo llama “fulano”. Y leemos en el versículo 5: “Booz añadió: -le está hablando a fulano- El día que adquieras la parcela para ti de manos de Noemí tienes que adquirir también a Rut, la moabita, mujer del difunto, para perpetuar el nombre del difunto en su heredad”. A lo que fulano respondió (v. 6): “…Así no puedo rescatar, porque podría perjudicar mi herencia. Usa tú mi derecho de rescate, porque yo no puedo usarlo”. Fulano no quería darle su herencia al nuevo hijo. Ahora quiero mostrarte cuánto se parece esta historia, a lo que Cristo hizo por nosotros, ¿quieres verlo? Rut estaba desahuciada, viuda, sin hijos ni herencia, sin futuro… Y antes de aceptar a Jesús como Señor y Salvador, cada uno de nosotros también estaba sin ninguna esperanza de ser feliz, de prosperar económicamente; tristes, viviendo como si ya todo se hubiera acabado… Y allí apareció Booz, el “goel” de Rut que la rescató de su viudez; y para nosotros vino nuestro “Goel”, Jesucristo, que dejando la Gloria del Cielo se hizo hombre y aceptó morir en la Cruz. ¡¡¡Lo hizo por amor!!! ¡Bendito es mi Goel que está vivo! EL ÚNICO SALVADOR: ¡CRISTO! Él no fue como aquel fulano, Él compartió Su herencia con nosotros, por eso la Biblia dice que «somos coherederos con Cristo» (ver Romanos 8:17). Dice en Hebreos 2:11: “…Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos…”. Jesús es tu Hermano mayor, Aquel que vino a rescatarnos, a redimirnos, a pagar el precio. Dice Jesús en Mateo 28:10: “…No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”. Jesús nos llama “mis hermanos”. No hay nadie tan cercano a nosotros como Jesús. Él eligió ser tu hermano. ¡Gracias Señor! 1 Pedro 1:18-19: “…sabiendo que habéis sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro o plata, sino con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo…”. Esto es lo que garantiza tu herencia eterna: Él ya dio Su Sangre en pago de tu rescate.

Job dijo “yo tengo un Goel en medio de mis tribulaciones”, y eso es lo que tú y yo tenemos que declarar: “Yo sé que tengo un Ayudador en medio de mis tribulaciones”. Yo declaro lo que : que mi Redentor, mi “Goel” vive. ¡Aleluya!

2°- Job declaró que tenía una riqueza real en medio de la más absoluta pobreza y miseria. Había perdido todo -ya vimos cuán rico era- pero ahora lo había perdido todo. Y aún así el dice “mi”. Job no dice “el Redentor”, sino mi Redentor”, y eso indica posesión. Uno no dice “mi” para hablar de algo que no tiene. La gente le decía “lo perdiste todo”, pero él dice: “no lo perdí todo, tengo una riqueza real en medio de mi pobreza material, porque tengo a mi Redentor y lo tengo vivo”. Es mi Redentor, sin importar cuánto sea lo que hayamos perdido, pues a Él no lo vamos a perder nunca.

Recuerdas que vimos que el “goel” también nos rescata de los malos tratos económicos, rescata nuestras finanzas. Mi Redentor vive. ¿De qué te sirve, hermano, saber que Él es el “Goel” si no es tu Goel”? ¿Te das cuenta? Tú puedes haberlo perdido todo, pero tu Hermano Mayor, Cristo, rescata tus finanzas. ¡Él es tu Proveedor, a Él nunca lo vas a perder!

3°- Job declara que tiene un «pariente cercano», un Goel vivo. El dijo: mi Redentor vive. ¿Entiendes lo que hace la fe? Todo estaba muerto y el habló de vida; todo hablaba de pobreza –de no tener nada– y el dijo “mi”; todo hablaba de maldición y el dijo “Redentor”. Aquí Job declara: “yo tengo un pariente vivo, yo poseo a Aquel que vive para siempre, a Aquel que no muere más, a Aquel que dijo: por cuanto yo vivo vosotros también viviréis”. ¡Aleluya!

Cristo no está muerto… ¡NUESTRO REDENTOR VIVE! Job había perdido a sus hijos, y no debe haber nada más trágico y doloroso para un padre que esto, mas dice que luego llegó a tener los hijos más hermosos de aquella tierra. Pero esto no ocurrió sino después de haber podido “ver” más allá de lo que los ojos naturales ven, de las circunstancias tan difíciles que le rodeaban, y declarar: “sí, mis ojos ven muerte, pero mi corazón y mi boca declaran que mi Redentor vive”. Tu Intercesor, tu Ayudador vive para siempre. Dice la Palabra de Dios: “Pero éste posee un sacerdocio exclusivo porque permanece para la eternidad. De ahí que pueda también salvar definitivamente a los que por Él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor.” (Hebreos 7:24-25). Cristo es el único Camino, Cristo es el Camino la Verdad y la Vida.

4°- Job tenía una certeza absoluta en medio de las circunstancias inciertas. Por eso declara “yo sé”. Y es hora, hermano, de que te levantes así y declares con absoluta certeza en tu corazón: yo sé. Todos hablaban de él, todos le criticaban, los siervos que le habían quedado se iban de su lado, y hasta su mujer -lejos de ser «la ayuda idónea»- lo instigaba a maldecir a Dios; pero aún en medio de todas esas circunstancias oscuras e inciertas, Job tenía una certeza en su corazón.

Querido hermano, habla de lo que sabes, pues “si no sabes has de perecer”. Dice la Biblia (ver Oseas 4:6) que el pueblo de Dios perece por falta de conocimiento. Lo que tú sabes es lo que cambia tu vida, lo que tú sabes y crees es glorioso. Ésta es la fe: estar seguros de quién es Cristo y de lo qué Él hizo por nosotros.

A Job las pruebas podrían haberlo hecho dudar, y así también puede pasar con nosotros, pero cuando nos levantamos a decir con fe “yo sé”, eso afecta nuestra vida y la transforma. Esta seguridad supera las imposibilidades, desafía las pruebas. Muchas veces ante el menor problema queremos salir corriendo y dejarlo todo, pero hoy debes declarar “yo sé que mi Redentor vive” y se termina la historia pasada, comienza un tiempo nuevo. Cuando Job dijo “yo sé que mi Redentor vive”, dijo: yo sé que no me voy a quedar así como estoy, porque mi Goel pagará el precio por mi rescate, Él es mi prosperidad, Él me va a rescatar, Él es mi Sanador. Él es el mismo a quien tú puedes invocar: el Goel de Job es el mismo a quien hoy adoramos en la Iglesia. Si a Job le funcionó (que no sabía de la Sangre de Cristo, no sabía del Espíritu Santo, no sabía de la obra salvífica de la Cruz, no sabía de la Palabra…) ¡cuánto más para nosotros!, que tenemos el cumplimiento de la Promesa. Estamos llamados a levantarnos con mucho más del doble de lo perdido en nuestras vidas, es tiempo de recompensa.

En tiempos de prueba y de dificultad, debes ser movido a estas cuatro acciones que aprendimos de Job:

1) Mirar al Redentor y no a los problemas.

2) Basarnos en lo que sabemos. Esa es nuestra seguridad en Cristo (por eso es tan importante conocer la Palabra de Dios).

3) Aferrarnos a lo que Él nos ha dado en su pacto de Gracia. Todo lo que Dios te habló -salud, liberación, prosperidad, redención, etc.- es a lo que te debes aferrar, de lo que te debes asir, porque ese pacto de Gracia es tuyo. Usa tu fe para creer en todo lo que el Redentor ha hecho en ese pacto sellado con la Sangre de Jesús, pues todo eso es tuyo por la fe en Jesucristo.

4) Serás de aquellos que son movidos «a ver lo invisible». Job declaró “yo sé que mi Redentor vive”, pero él nunca lo vio. Tú tampoco lo has visto, pero tienes la capacidad de “ver lo invisible”, porque “…caminamos en fe, y no en visión…” (2 Corintios 5:7). Por eso puedes decir “soy libre, soy sano, soy próspero, porque sé que mi Redentor vive”. ¡Aleluya! ¡Nuestro Redentor vive! Y dice la Biblia (Job 42:10) que el Redentor honró la fe de Job y lo restauró: “Yahvé cambió la suerte de Job después de haber intercedido por sus amigos, y duplicó todas sus posesiones”. Alaba al Señor y bendice Su grandeza, pues eso es lo que nos espera, y cuánto más en este tiempo, que conocemos el Nombre de nuestro Redentor: SU NOMBRE ES JESÚS. ¡Gracias Señor por ser Nuestro Redentor!